viernes, 24 de enero de 2014

Mi corta lactancia.

Hecho mucho de menos escribir en este espacio.
Debo admitir que últimamente no doy a basto. Me gustaría poder pasarme más a menudo, me gustaría poder leeros con más asiduidad y anhelo escribir mis entradas semanales como antaño, pero casi no puedo ni abrir el ordenador. Tengo muchos mails atrasados con consultas privadas sobre el sueño de vuestros peques.

Cada día me despierto pensando: "Hoy sí, hoy me sentaré delante de la pantalla pase lo que pase."
Pero casi nunca lo logro.

Paso sola en casa casi todo el día. Maridín no suele llegar hasta pasadas las seis de la tarde y yo me dedico a la casa y a las niñas. Cierto es que tengo la casa impecable casi cada día, cosa que me ayuda a estar más relajada (el desorden me desquicia) y dedico cada día un ratito a todos mis amores de la casa, sin olvidar a mi marido, claro, pero hecho de menos mi blog y sé que tengo que dedicarme más rato a mi misma también. Este es mi hobby, mi espacio personal y mi vía de escape, es mi ratito, mi momento...y no quiero perderlo.

Me pregunto continuamente como os lo montáis vosotras, las madres de dos o más...:)

Os pido disculpas a las que me escribís al mail para consultas y espero que me entendáis y tengáis un pelín de paciencia.

Cosas por contaros no me faltan. Tengo pendientes muchas entradas con muchos temas distintos que se me acumulan en la mente.
De momento me pondré un poco al día resumiendo nuestros primeros días como familia de cuatro, y empeceré por mi experiencia con la lactancia.

LACTANCIA

La verdad es que la lactancia y yo no nos llevamos muy bien y duró poco.

Mi bebé se prendió al pecho por primera vez pasados unos 20 minutos después del parto. Encontró el pecho ella solita y solo la ayudé yo a empujarse con sus piernitas. Fue
bello, y al menos, eso que me llevo.

Se me hicieron heridas en los pezones desde el primer día y cada toma era un sacrificio enorme. Me dolía durante todo el rato que Júlia mamaba, si la toma duraba 20 minutos me pasaba esos veinte minutos retorciéndome de dolor y con lagrimones en la cara.
Debo admitir que enseguida me desanimé y pronto empecé a pensar en el artificial pero cómodo biberón. ;) jeje. Supongo que el hecho de dar bibe a mi primera hija influyó mucho...

Mi comadrona me aconsejo sacarme el calostro con mis propias manos mediante una simple maniobra y curarme el pezón con la misma sustancia y la verdad es que me aliviaba casi al instante. Ademas me enseñó a colocármela bien al pecho para que mamara correctamente pero incluso con la postura perfecta me dolía continuamente durante toda la toma y ella me decía que en teoría, tal y como la tenia colocada lo lógico seria que el dolor menguara al menos un poco.

Duré poco así. Pensaba en el bibi continuamente (lo siento, pero es así) y le dije a mi matrona (que ademas es asesora de lactancia y doula) lo que me pasaba, le dije que quería abandonar. Al principio ella intentó animarme mucho a luchar por mi lactancia, pero al verme tan convencida con mi determinación y tan dolorida durante todas las tomas entendió enseguida que era una decisión personal y me apoyó incondicionalmente en mi cambio de rumbo.
Siempre le agradeceré el respeto con el que me trató.

Admiro a las mamas que luchan por sus lactancias y que las prolongan y me encanta contemplarlas mientras dan de mamar a sus hijos, y sé que los beneficios de la lactancia nada tienen que ver con lo artificial de un biberón. Quien quiera negar lo evidente allá él, pero yo sé lo que he decidido, sé qué es lo que le he negado a mis hijas y aunque a veces me sabe mal no haberlo intentado de verdad (porque no se puede decir que lo haya intentado realmente) ha sido una decisión consensuada y meditada e intentaré compensarlo con todo mi amor y todo mi cariño.






Otro día os contaré nuestro post-parto y la reacción de Paula al ver a su hermana y, evidentemente, os contaré como está evolucionando el sueño de mi bebe y lo que voy poniendo en practica.